No recuerdo la última vez que escribí.
Es curioso, como algo tan vital para alguien puede hacerse tan de rogar.
No parece que tenga inspiración, ganas, temas...
Tal vez sea porque no puedo personalizarme tanto como antes. Porque no tengo el valor, el coraje, los ovarios de dar la cara, ni siquiera por o para mí. De enfrentarme a mí misma.
¿Seré menos real? ¿Menos auténtica? ¿Menos yo?
¿En qué me estoy convirtiendo?
¿Cómo se le llama al problema de aburrirse escuchando a la gente? El hecho de que no te aporten nada. Conversaciones que no me interesan sobre temas que antes me importaban tanto.
Todos esos planes frustrados, todas esas cosas por hacer...
Y esos sueños, que parecían infinitos, y que desaparecieron en llantos y planes vacíos.
Ideas tan volátiles que quedaban en el aire unos minutos después de haber sido creadas.
¿Dónde se guardan todos los sueños no cumplidos?
Tal vez esto se salga un poco de mi dinámica, mi positivismo, mi usual manera de escribir. Pero alguien dijo alguna vez que gracias al dolor se escribe; y que las cosas que llegan al alma suelen tener más de penas que de alegrías.
El caso es que aquí estoy, un día más, sin saber qué escribir. Decepcionada.
Criada en un lugar del que necesito huir, y huyendo de aquel otro en el que fui feliz.
Últimamente me enfado mucho conmigo misma. Por esta manera estúpida de no hacer nada, de no encontrar la motivación, la forma o la confianza necesarias.
Por pasar de un lugar a otro, de una persona a otra, de quince páginas a dos... Y una fotografía. Sin principio ni final.
Que alguien me salve de esta locura, pero sin que sea alguien. Que no soporto el control de mi persona, pero no puedo aguantar más el desorden que tiene mi alma.
Aun así, sigo amando el caos de mi vida. El carrusel de mis emociones. Y la montaña rusa de mis pensamientos. Mi vida, siempre tan de mí como yo misma.
Porque son míos. Convivo con ellos. Y aquí han estado y estarán siempre, para acompañarme, cuando nadie más lo haga. Cuando todo el mundo se haya ido o cansado; al igual que yo lo he hecho de ellos tantas veces antes.
Se quedarán, como este papel, siempre expectantes, así tarde siete meses en volver; y más de una vida en hacerse entender.
Juntos. Para siempre... Jamás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario