martes, 19 de abril de 2022

19/4/22

Todos hemos tenido alguna vez una persona de transición. A veces varias.

A veces lo es a sabiendas suya. O nuestra. O de ninguno. O de ambos. 

A veces somos conscientes de que esa persona ha estado ahí durante un cambio, una transformación, un proceso. Y a veces lo impulsa. Lo facilita. O puede incluso ser la causa por la que empieza.

Ojo que no hablo solo de una transición de una persona o relación a otra. No solo esas son las personas de transición.

También lo son aquellas que llegan para no quedarse mucho, pero aun así dejan huella.

O incluso aquellas que, aunque no merecieron la pena, o causaron mucho sufrimiento, te hicieron aprender, cambiar, o superarte a ti mismo. 

Pero no todas son malas experiencias. De hecho, diría que la mayoría de personas de transición ni siquiera nos damos cuenta de que lo son hasta mucho después. Tal es la importancia que tuvieron en nuestra vida, y lo bello del tiempo disfrutado juntos. 

Y otras están tan poquito tan poquito tiempo, que no creemos que hayan podido dejar huella alguna. Hasta después. Hasta que nos damos cuenta cuánto le dimos de nosotros sin apenas conocerlos, y sin apenas percatarnos de que realmente nos estábamos abriendo tanto.  

Y tampoco todas dejan huella de tal importancia, sino que muchísimas pasan solo y exclusivamente para hacernos cambiar de perspectiva, de pensamiento, de forma de ser. Para hacernos dejar ir algo o aferrarnos a algo nuevo. Para mejorar y desarrollarnos. Para transformarnos. Para cambiar. Y siempre siempre mejorar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario