He vivido tantas vidas que alguno podría decir que ya he vivido, que ya he tenido suficiente que se acaba aquí.
Y a la vez he avanzado o hecho tan poco que alguno podría decir que no he hecho nada. Que para qué vivir tanto.
Y ese alguno soy yo.
Y es que eso es lo único que he hecho: vivir. Sin frutos, sin resultados, sin cerrar ciclos.
No he avanzado, sino que parece que cada vez retrocedo más.
En lugar de crecer cada vez me hago más pequeña.
Y sé que me vais a decir que bueno, se me ha llenado el corazón y el alma, de experiencias, de personas, de lugares.
Pero en todo caso se me ha vaciado. Un poquito más con cada nueva experiencia, persona o lugar.
Se me ha roto mil y una vez y he arrastrado conmigo a mil y una personas a las que también he ido rompiendo, despedazando, destruyendo.
Y cada rotura, y cada cosa nueva, o lugar, o persona, me ha dejado más vacía. Más sin propósito. Más sin sentido.
Hace mucho que dejé de aprender de las experiencias,
y últimamente (ya de hace años) lo único que aprendo de ellas es que no aprendo. Y que no tengo remedio.
Que no tengo solución, ni destino, ni propósito. Que voy a seguir así eternamente en círculos, y que no sé cómo dejar de herirme, ni de herir a otros.
Y lo peor es que casi ni me acuerdo de tantas vidas. Quedaron allí, como una antigua película.
Si intento hacer memoria de cada una, no recuerdo momentos, ni conversaciones, ni siquiera sentimientos. A veces casi ni recuerdo cómo llegué allí o cómo salí, o cómo algo me afectó o hizo sentir. Por qué me marcó tanto.
Apenas recuerdo los lugares en los que estuve.
Y es que empezar de cero una y otra y otra vez solo es para la gente que puede elegir olvidar y almacenar eternamente, sin volver a consultarlo.
El truco de las mil vidas es solo vivir en la ignorancia. Esconder el dolor. Olvidar lo vivido.
Hasta el punto de que lo hago tan bien que no sé qué recordaré de mi vida en unos años, o si será siempre como si solo viviera la actual.
He aquí, probablemente, el problema.
Cómo se puede aprender, mejorar, crecer, cerrar, o arreglar algo que no se recuerda.
Cómo se puede evitar el mismo error o el mismo dolor o el mismo daño si fue en una vida pasada de la que no tengo memoria.
Ya no sé cómo vivo, ni para qué.
Y lo mejor, así sigo, sin hacer nada al respecto.
Cuántas veces más me puedo romper, cuántas despedidas más puedo soportar,
cuánto dolor, traumas, experiencias que la mayoría de la gente no vive en toda su vida.
A cuánta más gente puedo destrozar,
Y cuánto más voy a seguir simplemente viviendo, hasta que al fin muera, con todo de mí.
Y sin recordarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario