He tardado mucho en darme cuenta de esto. En entender algunas malas caras. Algunos días, minutos y horas. En comprender por qué para la gente es duro, y por qué regresan. En llegar a tan sólo imaginarme en qué consiste el supuesto reto de vivir fuera, algo a lo que yo nunca temí.
Y sigo sin hacerlo. Pero al menos ahora ese miedo que intentaron infundirme todos los que me rodeaban cuando dije que me iba, ese -para mí- pánico irracional, tiene algún fundamento.