Recuerdo la primera vez
que fui a un piso de estudiantes. Era una amiga de mi universidad, y a mí me llamaba
mucho la atención pasar un rato en una casa sin padres. Digamos que era algo
así como lo típico por lo que alguien estaría emocionado a esa edad.
Nunca le dije nada a mi
amiga, pero cuando entré lo primero que pensé fue que yo no podría vivir así.